domingo, 10 de julio de 2011

9.- MIROS: VALLECILLO

El grupo final se componía de una veintena de personas. Cruzaron el bosque, y caminaron por la orilla del río hacia el sur, después de unos días, llegaron a los temidos pantanos. Eran solo barro, raíces entretejidas, plantas acuáticas, juncos, y altas hierbas, que impedían ver nada en ninguna dirección, ya que medían un par de metros o tres de alto. Introducirse allí, era una locura. Aquel laberinto era un paraíso para las aves y los peces, era como una marisma. A lo largo de varios kilómetros, aquellas lagunas, ganaban o perdían profundidad a su antojo y sin previo aviso, además variaban dependiendo del deshielo, de las sequías o de las inundaciones.
En vista de que era imposible cruzar aquello, decidieron navegar río abajo, pero al ser todavía un número pequeño de personas, no querían llamar la atención de posibles enemigos, a los que no podrían hacer frente, tendrían que navegar de noche, lo más lejos posible de la otra orilla, pero la empresa tampoco parecía fácil, en algunos lugares, lo que parecía un río, apenas tenía profundidad, y los bancos de arena y tierra, estaban a diez centímetros de la superficie. Más hacia el centro del río, sobresalían peñas y troncos en cualquier parte, en esa parte del río, la corriente apenas se apreciaba, solo se avanzaba a base de remar, y en la noche, parecía imposible cruzar ese tramo. Acercarse a la otra orilla era peligroso. Durante la noche, los habitantes de aquellos pueblos, atacaban cualquier cosa que se moviese por el río, sin preguntar primero. Estaban tan amedrentados por los invasores que reaccionaban así.
Acometer esta empresa durante el día, también era arriesgado, los bancos de arena tampoco se distinguían con la luz solar, remar cerca de los poblados de las “águilas”, aunque esos poblados apartados de los principales, eran los habitados por los hombres, y las mujeres repudiadas por las “águilas” era arriesgado. Levantarían sospechas, y mandarían aviso rápidamente. Orey, una vez recuperado su pelo, sería inconfundible, no había otra mujer con semejante belleza en todo el Gran Valle, era imposible que pasase desapercibida.
La única solución era navegar de día y por el centro del río, esquivando las rocas y los troncos, éstos eran los más complicados porque a veces no se veían, el centro del río, estaba lejos de la orilla en ese tramo, pero se corría el riesgo de ser vistos igualmente, pero no tenían alternativa.
Se construyeron cuatro canoas, a pesar de que podían caber en tres, Miros, no quiso arriesgar, y ordenó construir una más, por si acaso tenían algún percance en el río, llamarían más la atención, pero no le importaba, si había problemas, tendrían los arcos preparados.
Les llevó casi un mes construir las canoas, proveerse de alimentos, y organizarse, se prepararon simulando todo tipo de inconvenientes, para reaccionar todos igual, Miros y Eusina, estaban ya entrenando a un grupo de élite, ambos eran muy concienzudos, y nada parecía escapárseles, querían estar preparados y no perder vidas.
Cuando comenzaron el viaje, apenas había amanecido, remaron hasta el centro del río, y allí, se dejaron llevar corriente abajo, hasta que la corriente apenas existía, luego remaron a su ritmo para no agotarse, parecía que todo iba bien, que todo era fácil. Pasaron de largo algunas aldeas, sin que nadie se percatase de su presencia. Pero a media mañana, las orillas del río, estaban demasiado concurridas, a pesar de la lejanía, pronto llamaron la atención, y embarcaciones de curiosos, comenzaron a ir en su busca, esto les hizo remar con más fuerza, lo cual les alejó de los curiosos, pero con ello les hizo sospechosos, realmente parecían fugitivos, aunque solo Orey podía considerarse como tal. Los curiosos, se retiraron, seguramente para mandar mensajes por tierra río abajo.
Al remar más rápido, las embarcaciones casi no tenían tiempo de esquivar las rocas, así que de nuevo Miros, aminoró la marcha. Eusina pidió a Orey que ocultase su pelo, y se camuflase ella misma para no ser reconocida, Ana se encargó de ello, y Orey se convirtió en poco menos que un bulto, si no fuese porque se empeñaba en seguir remando.
Se les estaba haciendo el día muy largo, y el cansancio les hizo detenerse para comer un poco, las manos estaban cubiertas de llagas a pesar de estar ya encallecidas por el trabajo en el bosque y de la construcción de las canoas. En ese intervalo, una nueva embarcación, esta vez más grande, se acercaba, y otra vez, emprendieron una rápida huida, pero la embarcación se les acercaba, Miros, se colocó en último lugar en paralelo a la canoa de Eusina, mientras la de Ana y Orey, continuaban alejándose. Cuando la embarcación estuvo cerca, Eusina reconoció a una de las “águilas”, y no le gustó nada, pues era una de las más encarnizadas enemigas de la que había sido su mentora y su madre adoptiva. Eusina se tapó la cara, y comentó la situación con Miros, éste, se dio cuenta de que todavía esperaban encontrar a Orey, y que podían sospechar que se encontraba con Eusina, de modo que si reconocían a Eusina, les seguirían donde fuese. No sabía cómo abordar la siutación.
-Deja que se acerquen más -dijo Eusina-.
-Son unos veinte, Eusina, y te reconocerán.
-Sí, pero no se lo podrán contar a nadie.
-No me gusta matar inocentes, ya lo sabes.
-Pues habrá que hacer prisioneros y matar a los menos posibles.
Diciendo esto, Eusina se levantó sobre la canoa, y disparó una flecha que atravesó de lado a lado a la odiosa mujer que podría delatar a Orey.
Un par de mujeres, apuntaron sus arcos hacia ellos, e hirieron a uno de los remeros, pero en los ensayos de Miros y Eusina, no había cabida para los errores, ambas mujeres quedaron muertas, una flecha de Miros, otra de Eusina, los dos habían ensayado a quien disparar para no elegir el mismo blanco. De momento, los demás ocupantes de la embarcación estuvieron indecisos, porque no se esperaban un ataque, pero al reconocer a Eusina, sacaron un pañuelo blanco, sucio de barro y sudor, pero blanco.
Miros, no se fió, pero, los hombres del barco, no tenían arcos, y era imposible que les atacasen con otro tipo de armas.
-Eusina, no tenemos nada contra tí, ni siquiera sabíamos a quién buscaban estas “águilas”.
-Entonces dad la vuelta, marchad por donde habéis venido.
-Nos pedirán explicaciones, y nos responsabilizarán de la muerte de estas tres…
-A nosotros nos da lo mismo lo que hágáis, si no vais a luchar, no se a qué esperáis -dijo Eusina-.
-Nos matarán ellas…
-Explica de una vez qué es lo que quieres - intervino Miros-.
-No nos queda más remedio que huir, desaparecer, y de momento, podríamos ayudaros a llegar donde vayáis, y luego, quizás podríais protegernos.
-Acércate -dijo Miros-. El hombre se acercó con su barco y Miros se subió a el.
-Nos van a matar -gimoteó el supuesto capitán de aquella embarcación-.
-¿Cuántos hombres hay en el barco?
-Quince.
-Bien, regresa con ellos, y dices que éramos exploradores de los invasores, que las “águilas” se enfrentaron y que murieron, que de los exploradores no quedó ninguno vivo, y que se los ha llevado el río. Para que sea más creible, dejarás con nosotros a los hombres en los que no confies, y dirás que también ellos murieron, para que no sospechen. Y te aseguro que llegado el momento, te protegeremos, si tu vida corre peligro, búscanos río abajo.
-Me matarán, pero lo haré.
Quedaron tres hombres, con ellos, si su propio compañero no se fiaba de ellos, mucho menos lo haría Eusina, que les colocó a remar por delante de ella.
Cuando alcanzaron al resto de las embarcaciones, comenzaba a llover, diluviaba, el ruido de la lluvia sobre el agua del río, no dejaba oir nada más, las embarcaciones, estaban a punto de hundirse, una de ellas, en la que viajaba Orey, no aguantaba el peso, puesto que además de las personas, llevaba provisiones. Rápidamente, Orey, se bajó al agua, y ordenó que los demás hicieran lo mismo, dejando en la canoa, tan solo el material. Uno de los nuevos compañeros, dijo que ya deberían estar a la altura de Vallecillo, y que sería buena idea avanzar hasta la orilla.
Orey, no se lo pensó dos veces, y se encaminó a la orilla. A su lado, las demás embarcaciones, también hacían agua, o quizás solo era que se llenaban con el torrencial que les caía del cielo. El caso es que todos acabaron en el agua empujando las canoas hacia la orilla. Cuando llegaron, se tumbaron agotados, a pesar de la intensa lluvia, que no cesaba.
La tarde ya estaba muy avanzada cuando paró de llover. Las canoas estaban destrozadas, no servían para nada. Se hizo un fuego para secar las ropas y los cuerpos ateridos, se quemaron las propias canoas, se repartió la carga en pequeñas mochilas, y decidieron acampar allí.
Vallecillo, era un valle pequeño, pero no se veía nada desde allí, tampoco se oía nada, Miros, no sabía nada de aquel valle.
-Eusina, ¿cómo es este valle?
-Este valle, es muy pequeño, Miros, apenas mide un par de kilómetros hacia el este, en la orilla del río, habrá tres o cuatro kilómetros nada más, luego, se adentra hacia las montañas, hasta terminar a pico después de esos dos kilómetros, los lados del valle, son paredes verticales de las montañas. Sobre esas paredes, están los habitantes, suelen estar hacia el final del valle, las casas están a ambos lados del valle, sobre las paredes, y a varios metros de altura, es su manera de defenderse, ya que no son muchos. Durante el día, este valle, es el punto de encuentro de comerciantes y viajeros, aquí se comercia con todo. También es un sitio con mucha variedad de divertimentos, es gente alegre y sociable, pero si intentas algo extraño, abandonan sus negocios a pie de tierra y se refugian en sus casas en lo alto, retirando las escalas por las que suben ágilmente, una vez allí arriba, se defienden con uñas y dientes, y atacan con todo lo que pueden, piedras, flechas, lanzas, agua hirviendo, lo que sea. Las casas que construyen sobre la roca, están literalmente clavadas a esa pared de la montaña, porque cuando comienzan su construcción, primero pican en la roca, y parte de esas casas están en la misma roca. Además se las han ingeniado para que llegue el agua de las montañas a unos depósitos, y desde ellos a sus casas, no a todas, pero si a la mayoría. Allí donde el valle se junta, cuando no hay más de siete u ocho metros de una pared a otra, los edificios, cruzan de un lado a otro a una altura de diez o doce metros. Esta gente es toda una experta en la construcción, y son capaces de camuflar sus pertenencias en el suelo, de forma que nadie las encontraría jamás.
-Estoy deseando ver eso.
-Además, no tienen buenos tratos con las “águilas”, siempre vigilan el río, y también su lado sur, puesto que allí, las montañas dejan un terreno libre hasta el río de unos quinientos metros. Son los adolescentes quienes lo vigilan, y cuando les conozcas, te gustarán mucho, ya lo verás.
-Si no les gustan las “águilas” ¿qué pasa contigo?
-A mi nadie me considera de ningún sitio, lo mismo que pasará contigo, y en cuanto vean a Orey, sabiendo como saben que la buscan, se convertirá inmediatamente en su invitada de honor. No te preocupes por el recibimiento que podamos tener, hace horas que saben de nuestra llegada, vendrán a buscarnos, a Orey y a mi nos conocen, han visto que vamos juntas, y se habrán imaginado que estoy de su lado.
Efectivamente, pronto apareció una pequeña partida de adolescentes, avanzaban salvando los obstáculos, como si caminasen por un palacio, corrían sin apenas cansarse, y llegaron tan deprisa, que enseguida Miros se identificó con ellos, le encantaba que allí, todos esos chicos, hiciesen algo parecido a lo que el mismo había hecho a su edad.
Les invitaron a acercarse al final del valle, donde estaba toda la actividad, un par de muchachos, se quedaron para guiarles, y el resto, siguió su camino, unos hacia un lado, otros hacia otro, pero todos ellos corriendo, saltando y haciendo piruetas.
No les llevó ni media hora llegar hasta su destino. Miros, miraba asombrado aquellas construcciones a varios metros del suelo, a pesar de las descripciones de Eusina, no podía cerrar su boca abierta, estaba maravillado, incluso, los más espléndidos castillos que había visto, no se podían comparar con aquello.
La gente, se arremolinaba a su alrededor, y preguntaba curiosa, casi por inercia, Ana, en su afán de camuflarse, pasó a formar parte de aquella gente, pasando desapercibida, su misión era conocer lo que no se les enseñaría, las costumbres y todo lo que pudiese. Este plan estaba acordado pero solo Miros y Eusina lo sabían.
Al pie de aquellas grandes construcciones, les esperaba una pequeña comitiva, formada por un par de hombres y una mujer, muy joven, apenas tendría diecisiete años.
-Bienvenidos, ya sabemos, más o menos quienes sois, y queremos que sepáis, que sois bien recibidos.
-Gracias -contestó Eusina-, estamos agotados, y necesitamos descansar, pero antes, quiero que tengáis en cuenta, que estaremos una temporada aquí, nos quedaremos en el suelo, y no seremos una molestia, es más, podéis contar con nosotros para lo que sea.
-Es para nosotros un honor que Eusina, esté aquí, cualquier guerrero estará dispuesto a obedecerte. Debo decirte, que hemos intentado formar nuestro pequeño ejército, pero me temo, que nadie, salvo tu misma, está capacitado para mandarlo y orientarlo en la batalla. Eusina, te ofrezco el mando de nuestro humilde ejército, ya que ellas no te ofrecieron el suyo.
-Gracias, no era eso lo que yo quería, pero este hombre, Miros, y yo, entrenaremos tu ejército, y haremos que sea combativo y duro.
- Respecto a Orey, debo decir, que no podemos consentir que una reina duerma en el suelo, para nosotros, representa la paz en el futuro.
- Eres muy optimista, ella no quiere ser reina de nada.
-Pero… ¡deberá serlo!, un día tendrá que reclamar el trono que su prima Edeca tomó de mala manera. Ese día, llegará con nuestro apoyo, y terminará con el terrible dominio que las “águilas” tienen sobre todo el Gran Valle.
-Parece una empresa difícil, vencer a las “águilas”.
-Sería imposible, pero tienen un punto débil.
-Yo no he visto ese punto -dijo Eusina-.
-Yo si -dijo Miros-.
-¿Tú? ¿cuál?
-Les faltas tu, y para colmo, estás en este bando.
-Su nuevo ejército está bien gobernado.
-Edeca cometió un error humillando a Orey, ese día, todo el resto del Gran Valle, se puso de lado de Orey.
Siguieron debatiendo largo rato. Orey, no podía creer, lo importante que era para esa gente. Pero, al mismo tiempo, no comprendía para qué iba ella a querer volver a encerrarse en un palacio, cuando estaba viviendo la etapa más bonita de su vida, se sentía mucho más cómoda pasando desapercibida, que siendo importante. No sospechaba que a partir de este momento, sería la esperanza de mucha gente, sería la reina aunque no estuviese en ningún trono. Pero sobre todo, era tan especial, que tan solo en un día, su simpatía, hizo vibrar a todo Vallecillo, su belleza, que en un principio intimidó a toda mujer, dio paso con su humildad y sencillez a una admiración parecida a la que sentían todos los hombres embelesados en aquella belleza, que caminaba por allí, sin darse cuenta de la expectación que causaba. Los niños pronto la rodearon y la seguían por todas partes.
Orey se interesaba por todo, por las comidas, por el comercio, por la medicina, por todo, y su interés real e inocente, fue malinterpretado como un signo de preocupación por sus súbditos. En aquel pequeño valle, Orey, comenzó a ser, no solo la reina de las “águilas”, sino la reina de todo el Gran Valle, y con Miros y Eusina a su lado, todo parecía posible.
Ana, por su parte, no dejó un solo lugar, un solo chismorreo, y en pocos días sabía todo de aquella gente. Durante las noches, ponía al día a Miros, y luego, volvía a encontrarse con el resto del grupo, que durante la noche, quedaba solo a rás del suelo, ya que los habitantes de aquel lugar, pernoctaban siempre, y sin excusa, en sus moradas situadas en lo alto, parecía un miedo infundado, aunque tal vez, no fuese miedo, sino la costumbre. Se habían habituado a dormir allí, y no les apetecía estar en suelo durante la noche.
Los adolescentes, si que bajaban a media noche, y deambulaban por todo el valle, para ellos, era una travesura más, un desafio a sus mayores. Miros, disfrutaba con aquellos chicos, dispuestos a romper la tradición y cualquier otro tabú. Eran valientes, osados, ágiles, y sobre todo traviesos.
En una noche sin luna, Miros se sentó a charlar con ellos, todos eran chicos, porque las chicas, durante la noche, se reunían en los tejados de aquellas casas, lo cual parecía más peligroso aun que la noche en el suelo. Le contaron que Vallecillo se les quedaba pequeño, y que en su labor de vigilantes, no habían podido evitar traspasar sus límites, y explorar todo territorio que podían, incluso, hablaron de que conocían un paso a través del pantano que les separaba del Valle de los Pájaros.
-De haber conocido yo ese paso, muchachos, nos habríamos ahorrado construir unas canoas, que no teníamos mucha idea de construir, e incluso, nos habríamos ahorrado tiempo y tres vidas -dijo Miros-.
-Te vas a enfadar -dijo uno de ellos-.
-¡No se lo cuentes! -dijo otro-.
-Miros, tienes que prometer que no te enfadarás, y que no se lo contarás a Eusina.
-Me temo que no puedo prometeros eso, amigos, si de verdad existe un paso, sería de gran ayuda por tres motivos importantes. El primero, porque es una vía de escape. El segundo, porque hace posible la rápida comunicación con el Valle de los Pájaros, donde tenemos amigos, Y el tercero, porque por ahí, podríamos traer ayuda en caso de necesitarla.
-Lo que queremos que no cuentes es que nosotros te lo enseñamos, ni que os vimos construyendo las canoas.
-¡Qué nos vistéis!
-Si, pero entiéndelo, no podíamos descubrirnos, no sabíamos quién erais, y teníamos miedo, además, si alguien se entera de que vamos a ese bosque, no nos dejarán movernos de ahí arriba, y eso es muy aburrido.
-No contaré nada chicos, pero llegado el momento, me enseñaréis ese camino. Y quiero saber que más habéis descubierto.
-Hacia el sur, es muy peligroso, así que no nos adentramos mucho, pero nos escondemos y espiamos a todo el mundo.
-Hace tiempo que no nos alejamos por el sur -dijo otro-, la última vez vimos uno de los exploradores de los invasores.
-¿Significa eso, que en el siguiente valle hay invasores?
-No, creo que los invasores envían por delante exploradores, para verificar si merece la pena la incursión.
-Entonces… -dijo Miros preocupado-, es posible que nos ataquen de un momento a otro.
-No, tardan casi un año en atacar después de la visita de los exploradores.
-Y, ¿qué pasa si los exploradores mueren? -preguntó cada vez más preocupado-.
-No mueren, nunca mueren, nadie les ataca, eso es lo que nosotros no podemos comprender, que nadie les hace frente, campan a sus anchas, y se mofan del miedo de la gente. A veces, hasta uno solo se rie de todo un pueblo.
-Pues eso va a cambiar, chicos. Mañana, durante la mañana, venid a verme.
Toda aquella información, no había llegado a oídos de Ana, que solo sabía cosas de la gente que comerciaba en Vallecillo. Mientras los chicos contaban todo a Eusina, a la que todo aquello, no la sorprendía, porque ya sabía que los invasores se informaban a conciencia antes de atacar.
Miros, se entrevistó con Ana, tenía dos cosas que pedir a Ana, ambas peligrosas, así que se ofrecería a acompañar a aquella mujer en ambas tareas, una, era descubrir el paso por los pantanos, y cruzar el Valle de los Pájaros, para pasar las montañas, y buscar la ayuda de Klasnic, dejando con el un chico para que lo guiara, lo cual, podría poner en peligro al muchacho, y podría ser que aquella amable gente no lo tolerase, en ese caso, la propia Ana, tendría que quedarse con Klasnic, y ya no se podría realizar la otra tarea.
La segunda misión de Ana, era muy peligrosa, consistía en viajar al siguiente valle, y averiguar lo que pudiese de aquellos exploradores, bien camuflándose entre la gente, o bien, sin ser vista. En todo caso, era una misión muy peligrosa, que Miros no estaba dispuesto encomendar a Ana en solitario, por lo tanto, el mismo, tendría que afrontar ambos viajes.
Todo esto, hizo que Eusina se apresurase a intensificar la vigilancia del río y del acceso al valle por el lado sur. Ella se quedaría preparando al ejército para un ataque como aquel, a la vez que organizaba la defensa del valle.
No contaron nada de todo esto a Orey, pero ella siempre se enteraba de todo, al igual que los chicos habían confiado en Miros, ella se había ganado la confianza de las chicas, y aunque chicos y chicas se separasen por las noches, -algunos escarceos amorosos rompían esa norma muy de vez en cuando-, todo el grupo de chicos y chicas estaba muy unido, no eran muchos, por eso eran tan amigos.
Orey, quería acompañar a Miros y a Ana, pero Miros la convenció de que la necesitaban allí, para ir preparando la llegada de la gente de Klasnic. Nadie, salvo ella podría organizar un campamento con aquellas dimensiones, seguramente, habría que hacer acopio de víveres, en el río, y en otros valles. Orey, no era tozuda, y pronto se entusiasmó con su nuevo cometido.
Una vez convencieron a aquella gente de que dieran permiso a uno de sus chicos para acompañarlos, Miros y Ana, se fueron en busca de Klasnic.

5 comentarios:

eddie dijo...

me ha gustado mucho este capitulo...
el principio, cuando cruzaban los pantanos me he acordado del señor de los anillos cuando sam y frodo ivan con smigol, xd.

muy interesante lo de las casas excavadas en la roca y colgadas, que bien se debe de dormir ahí todo el año :)

y orey, estara muy guapa de nuevo, ahora que le crece el pelo.

Ruben dijo...

EDDIE. No será la última travesía de los pantanos, respecto a las casas, lo que me imgino, no tiene nada que ver con las casas colgantes de Cuenca, es totalmente diferente.
Orey es la guapa de la película, eso está claro, trato de que tanto Miros, como Eusina y Orey, sean protagonistas, conjuntamente, si bien es Miros el principal, a lo largo del libro, Orey se va convirtiendo la más importante.

Mercedes Vendramini dijo...

Bravo Rubén! - continúa esta historia cada vez más interesante. Dijiste que es una novela, está publicada? Me gustaría tenerla!

Abrazos.

Ruben dijo...

Mercedes, no está publicada, y no se si es lo suficientemente buena para publicarla, no lo he intentado, de todas formas la pondré entera, son 20 capítulos, y aunque es tipo novela para adolescentes, me alegro de que te guste.

Eduardo Fanegas de la Fuente dijo...

Pues yo que tú me planteaba seriamente publicarla, la historia es buena y engancha. Estos últimos capítulos no voy a leerlos aquí, me los voy a imprimir para llevarmelos de vacaciones ;-)